Información
- Cocina: Asturiana, Creativa, Bib Gourmand
- Precio: €€
- Web: Sitio Oficial
A pocos metros de la Plaza Mayor de Gijón y del puerto deportivo, en la calle Contracay número 3, se encuentra uno de los restaurantes más personales de la ciudad. Farragua no es simplemente un restaurante asturiano más: es un proyecto gastronómico que nace de la fusión de dos regiones con tradición culinaria profundísima —Asturias y Extremadura— de la mano de su chef, Ricardo Fernández Señorán. El nombre no tiene nada que ver con la arquitectura asturiana: «farragua» es una palabra que usaba su madre en Extremadura y que significa algo así como desaliñado o desgarbado. El propio chef ha contado que la cocina le salvó la vida y que, sin ella, él sería «un farragua»; de ahí el nombre del local.
Desde que abrió sus puertas, Farragua se ha ganado un lugar destacado en la escena gastronómica gijonesa con una propuesta que combina tradición, creatividad y una buena relación calidad-precio. La Guía Michelin le ha otorgado el Bib Gourmand, el distintivo que reconoce a los establecimientos que ofrecen buena cocina a precios moderados, y la Guía Repsol le concede un Sol.
El origen de Farragua está tan ligado a la historia personal de su creador como a la gastronomía misma. Ricardo Fernández Señorán nació en Plasencia en 1985, se formó en la escuela de hostelería de su ciudad y pasó por cocinas como Perelada, Peix & Brases (Dénia), Marqués de Riscal (Álava), La Salgar (Gijón) y DiverXO (Madrid) antes de abrir su propio restaurante. Concibió Farragua como un homenaje a sus dos tierras, tomando la cocina tradicional extremeña y la asturiana como punto de partida: ingredientes asturianos como el pixín, les fabes o los quesos artesanos se entrelazan con productos extremeños como el pimentón de la Vera, las cerezas del Valle del Jerte o los ibéricos de las dehesas pacenses.
El local es pequeño y de capacidad reducida, lo que permite una atención muy personalizada. Está a pie de calle en un semisótano al que se accede por unas escaleras, con ventanas que dan a la acera, y su interiorismo se ha descrito como «muy british», con el blanco y el negro como colores dominantes. El resultado es una atmósfera recogida, más de bistró urbano que de restaurante de manteles largos.
Ricardo no cocina desde la distancia de una cocina cerrada: su estilo es cercano y a menudo sale a la sala para explicar personalmente cada plato, su historia, sus ingredientes y las técnicas utilizadas. Esa conexión directa entre el chef y el comensal es una de las señas de identidad de Farragua.
La oferta gastronómica de Farragua gira en torno a menús degustación que cambian con las estaciones y según la disponibilidad del mercado, con platos tradicionales actualizados, influencias de fusión y guiños constantes a Extremadura. Los escabeches son el sello más reconocible del chef.
Los menús llevan nombres que ya anticipan el tono de la casa: Asina, Mangurrino, Dejalamío y El Miajón. Este último está reservado a los amantes de la casquería y la cocina de aprovechamiento, con elaboraciones como caracoles, cangrejos de río o pieles de pescado. Todos cuentan con opción de maridaje.
Como la carta se mueve con la temporada, lo más práctico es consultar la composición y el precio de cada menú en su web antes de reservar.
Farragua mantiene además un formato propio llamado Arrieros, en referencia a quienes antaño transportaban alimentos de un lugar a otro. En estas sesiones, chefs invitados elaboran menús a cuatro manos junto a Ricardo, lo que convierte al restaurante en un punto de encuentro puntual entre cocinas de distintos territorios.
Farragua se encuentra en la calle Contracay 3, en pleno centro de Gijón, a un paso de la emblemática Plaza Mayor. Esta ubicación privilegiada permite a los comensales disfrutar de un paseo por el barrio histórico antes o después de su comida. El restaurante está rodeado de arquitectura tradicional gijonesa, con edificios indianos, calles empedradas y el ambiente vibrante que caracteriza a la zona más castiza de la ciudad.
Llegar a Farragua es sencillo. En coche, hay aparcamiento público cercano en la zona del Puerto Deportivo o en los parkings subterráneos del centro. En transporte público, varias líneas de autobús urbano tienen paradas a pocos minutos a pie. Para quienes se alojen en Gijón, el restaurante está a distancia caminable de la mayoría de hoteles del centro.
Los menús pueden acompañarse de maridaje. Es un maridaje con personalidad propia: la casa prescinde de los vinos tintos y apuesta en su lugar por sidras y vinos generosos, como el amontillado.
Farragua es mucho más que un restaurante donde ir a comer. Es una experiencia inmersiva en la que el viajero descubre cómo dos regiones aparentemente distantes pueden encontrarse en un mismo plato. Las razones para visitarlo son numerosas:
Si estás planificando una escapada gastronómica por Asturias, Farragua debería figurar entre tus paradas obligatorias en Gijón. Ya sea que busques descubrir la alta cocina asturiana en un formato accesible, que quieras celebrar una ocasión especial con una cena memorable, o simplemente que te apetezca dejarte sorprender por uno de los chefs más prometedores de la región, este restaurante en la calle Contracay no te defraudará.
La combinación de buen producto, técnicas depuradas, una propuesta creativa sin perder el respeto por la tradición y un trato cercano y genuino convierten a Farragua en uno de esos lugares que se recuerdan mucho tiempo después de haber pagado la cuenta. Un restaurante que, pese al nombre autodespectivo que le puso su cocinero, es cualquier cosa menos desaliñado.