Información
- Cocina: Mariscos, Asturiana, Pescados
- Precio: $$-$$$
- Web: Sitio Oficial
El Muelle debe su nombre a su ubicación: el puerto pesquero de Ribadesella, a un minuto del centro de la villa, con las lanchas como vecinas más cercanas y la ría del Sella como telón de fondo. El marisco que sale a las mesas depende de lo que haya ese día en la rula, porque el producto es local y la oferta cambia con las capturas.
Los entrantes dan buena medida de la casa: anchoas del Cantábrico con pimientos, sartén marinera, pulpo a la brasa, gambas a la plancha, croquetas caseras, calamares fritos, boquerones en vinagre con piparras y una tabla de quesos asturianos. El revuelto de oricios es de esos platos que separan al visitante del habitual: erizo de mar, sencillo y directo, con todo el yodo del Cantábrico.
Los arroces son otro de los puntos fuertes. El arroz con almejas de la casa, el arroz con bogavante y el arroz con andaricas y oricios se apoyan en un caldo trabajado que es, en realidad, donde se juega el plato. En el apartado de mariscos aparecen las almejas fritas en su jugo, la navaja fina, las andaricas, los percebes, los mejillones al vapor o a la marinera y el centollo, siempre según la oferta diaria.
El local combina la funcionalidad de un restaurante de puerto con una terraza acristalada que resuelve el problema clásico de la costa asturiana: comer con vistas al mar sin depender de que el tiempo acompañe. En verano es el sitio más solicitado; en invierno, el comedor se queda con los de casa y con los días de mar brava rompiendo contra el puerto.
Después de visitar la cueva de Tito Bustillo —Patrimonio de la Humanidad y uno de los conjuntos de arte rupestre paleolítico más relevantes de Europa, a pocos minutos del restaurante— o de hacer la senda costera, El Muelle es una parada lógica para reponer fuerzas.
Ribadesella es mucho más que el Descenso del Sella. La playa de Santa Marina, con su arenal y sus acantilados verdes, es una de las más conocidas de Asturias, y el paseo marítimo que bordea la ría permite entender de un vistazo la doble condición del pueblo: puerto pesquero por un lado, villa veraniega por otro.
El truco de los locales: reservar para comer pronto, hacia la una, si quieres sitio en la terraza. En verano se llena enseguida. Y si hay centollo de temporada, no lo pienses dos veces.